Mientras sube la temperatura. Por: Daniel Londoño Hoyos

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Ilustración tomada de Internet

El “síndrome” de la rana hervida: según el experimento del que proviene el nombre, sí se pone una rana viva en una olla con agua al clima y se va subiendo la temperatura del agua a una velocidad muy lenta, la rana se irá acoplando sin notar el aumento de la temperatura del agua, hasta llegar al hervor y llevar a la rana a su muerte.

El síndrome hace referencia a los cambios tan pequeños que como sociedad no notamos y por ende no reaccionamos ante ellos, hasta poner en riesgo nuestra propia existencia.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es necesario que exista al menos un árbol por cada tres personas en los centros poblados para garantizar cuando poco, unos estándares mínimos de calidad del aire. Ahora bien, es necesario considerar no sólo la calidad, para el caso de Viterbo es también la temperatura que alcanza el municipio en general.

Entre el 2007 y 2008 la Fundación Biodiversa en convenio con la Corporación Autónoma Regional de Caldas (CORPOCALDAS) ejecutaron un contrato que tenía por fin generar el inventario de arbolado urbano del municipio. Los resultados fueron preocupantes, tan sólo 1.096 árboles.

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Si tomamos el dato poblacional según las proyecciones del DANE (2005) la población urbana de Viterbo es de 10.606 habitantes. De acuerdo a las recomendaciones de la OMS y luego de aplicar matemática, el dato es simple, el déficit de árboles en la zona urbana de Viterbo es del 66 %, es decir entre 2100 y 2500 árboles, para tener un mínimo de calidad del aire. Cabe resaltar que por suerte en el municipio no hay industrias ni una gran cantidad de vehículos que puedan agravar las condiciones, pero si existe un factor geográfico que hace que nuestra altura al nivel del mar nos lleve a tener altas temperaturas y humedad en el aire que nos genere esa fuerte sensación de “bochorno”, sin ahondar en la importancia de los árboles urbanos por su capacidad de captar materiales en el aire, bajar la temperatura, ser hábitat para aves, polinizadores, etc.

Han pasado 11 años desde aquel estudio y una vez más es triste ver cómo los datos y la información diagnóstica sobre el estado del arte del municipio no se convierte en herramienta para la toma de decisiones en los ámbitos administrativos. Parece que aquí, de forma muy tradicional se desmeritan ciertos resultados académicos en diferentes áreas y se sigue recurriendo a la Wikipedia para saber cómo es el municipio y peor aún, para tomar decisiones.  

En el diciembre del 2015 la temperatura de Viterbo alcanzó los 40° centígrados y mientras todos lavaban sus vehículos luego del tradicional desfile de años viejos, se pudo ver como el agua se desaparecía de las llaves. Actualmente, la temperatura ha rondado el mismo número y las tres microcuencas abastecedoras del municipio (quebrada Canaán, La Máquina, La Julia) se encuentran en riesgo de desabastecimiento alto y muy alto. Lo anterior significa que las tres quebradas empiezan a presentar bajos niveles de agua y en caso de seguir sin tomar medidas para solucionarlo, pronto no podrán surtir de agua al municipio en la misma cantidad.

En mi cabeza suena al fondo aquella cancioncita popular del

allá arriba en aquel alto
 donde nace la quebrada,
había un monte muy bonito
 y agua nunca faltaba”...

Ya desde el 2004 el biólogo Viterbeño Juan Manuel Peláez había generado el dato de que tan sólo había 450 hectáreas de bosque y guaduales en Viterbo, es decir el 4 % del territorio total del municipio, en relación al 57 % del territorio en ganadería y 25 % en caña de azúcar.

Por lo visto, los datos no generaron muchas decisiones trascendentales en los ámbitos administrativos y tampoco en el territorio. Múltiples profesionales en diferentes ramas del saber siguen arañando la tierra de Viterbo para generar información que nos permitan conocer más a fondo al municipio, sin embargo, es algo que no puede quedarse en la labor comunitaria ni en el sector de la academia.

Antes de que asumamos como normal el deterioro ambiental que nos rodea y seamos cocinados sin darnos cuenta de la necesidad de cambiar para sobrevivir, será preciso que los profesionales de la academia y la información, lleguen a los espacios de toma de decisiones en los ámbitos administrativos y se puedan empezar a generar soluciones de la mano de la comunidad y evitar que todos sigan por separado sin aunar esfuerzos, mientras seguimos escuchando cómo se pregonan sueños asumiéndose como realidades y se venden paraísos de humo a las personas que desconocen que nadamos en una olla puesta al fuego.