De las amistades en la adolescencia

amigos

Amigos. Ilustración tomada de Internet

Uno de los temas que más me apasionó durante mi ciclo como maestro, es el que se refiere a los hijos y sus amistades y después de tratar muchos casos y de la propia vivencia he logrado crear como un libro de bitácora que ya ha servido a muchos. Cuando el hijo entra en el período de la adolescencia, aparece en su vida uno de los aspectos más delicados para manejar por parte de los padres; sus amistades y un nuevo comportamiento fuera del círculo familiar.

Es el momento en el cual el joven busca encontrar una identidad, ya le aburre estar en la casa y trata de ubicarse en espacios diferentes a su hogar.

Surge una realidad difícil de manejar por parte de los progenitores, pues se tiene la seguridad de que ya el hijo no es un niño, pero no tiene la suficiente madurez para utilizar debidamente su libertad, mas se tiene que aceptar esas situaciones sin renunciar al papel de padres.

Es el momento en el que para el hijo se presenta un nuevo mundo, donde los personajes más importantes para él son sus amigos con quienes comparte alegrías, tristezas, preocupaciones, aventuras amorosas. Conforman su grupo personal del que hacen su vivir diario y llegan a integrarse sinceramente a los núcleos familiares de sus amigos, en los que establece una relación firme y amable con todas las personas, a tal punto que pueden surgir frases con las que manifiestan que los padres de su mejor amigo son sus segundos padres, porque encuentran en ellos líneas de comprensión, estilo, cualidades, que no han encontrado en su casa. Esto es bueno, y es lógico que aparezca el ejercicio de comparación en el joven. Es recomendable no profundizar sobre el tema con el hijo, para evitar conclusiones molestas.

Lo que sí es importante, es que todo padre debe enterarse de quiénes son los amigos de su hijo, esto se debe hacer a través de una insinuación delicada o una interrogación como: ¿Sabes quién es tu amigo? Así cuando suceda algo desagradable, no tendrá el hijo cómo reprochar porque nunca se le dijo; pero por ningún motivo se debe prohibir la amistad con determinada persona, pues lo hará por encima de quien se oponga y terminará ocultándolo con mentiras.

Esto no quiere decir que se tiene que estar de acuerdo en todo con el hijo (su forma de pensar, su forma de actuar), pero no trate de imponer a fuerza su criterio, es necesario escuchar y tratar de comprender cuáles pueden sus motivaciones. Muchas veces los padres se esfuerzan por conseguir que los hijos se comporten como ellos creen que debería comportarse y terminan abriendo una brecha con lo cual sólo se consigue que los hijos terminen dirigiéndose en sentido contrario.

No se debe comparar ni para bien ni para mal al hijo con cualquiera de sus amigos o familiares, esto en realidad es ofensivo y puede llevar a conductas extras, como represalia.

Pero por encima de todo, los padres no deben olvidar que fueron jóvenes, que cometieron errares y que tal vez lo más difícil de estos momentos, fue el no haber encontrado quién los comprendiera.